CINCO POEMAS DE CONSTANTINO CAVAFIS

Constantino Petrou Cavafis (en griego Κωνσταντίνος Πέτρου Καβάφης. Alejandría,Egipto29 de abril de 1863 – 29 de abril de 1933) fue un poeta griego, una de las figuras literarias más importantes del siglo XX y uno de los mayores exponentes del renacimiento de la lengua griega moderna.FUENTE: http://es.wikipedia.org

Trabajó como periodista y como funcionario, y publicó relativamente poco en vida, aunque tras su muerte su obra cobró paulatinamente influencia. Su atípica temática —fuertemente urbana e introspectiva, y sin tapujos acerca de la orientaciónhomosexual del poeta— demoraron su aceptación, aunque en la década de 1960 lo convirtieron en un icono de la cultura gay.

Cavafis nació en AlejandríaEgipto, donde su padre era un rico comerciante. Tras su muerte en 1870 la familia tuvo que emigrar a Liverpool. Constantino regresó a Alejandría en 1882.

Con el comienzo de los disturbios en 1885 la familia tuvo que mudarse de nuevo, esta vez a Estambul. Cuando Cavafis volvió a Alejandría lo haría para quedarse el resto de su vida. Al principio trabajó como periodista, y después en el Ministerio Egipcio de Obras Públicas, durante treinta años. Entre 1891 y1904 publicó su poesía, con poco éxito. Murió en 1933.

Tras su muerte, la reputación de Cavafis aumentó, pasando a ser considerado uno de los mejores poetas griegos modernos.

FUENTE:  http://zonaliteratura.com

EGIPTO: PIRAMIDES DE GIZA Y DAHSHUR.EGIPTO: PIRAMIDES DE GIZA Y DAHSHUR. (Photo credit: Aysha Bibiana Balboa)

Días de 1901

Algo tenía de distinto,
a pesar de su vida disoluta
y su experiencia erótica;
a pesar de la constante armonía
existente entre su actitud y su edad,
había momentos —muy raros momentos—
en que su carne daba una impresión de pureza.

La belleza de sus veintinueve años,
tan experimentada en la sensualidad,
en momentos, paradójicamente, daría la impresión
de ser la de un adolescente que, con timidez,
entrega su virginal cuerpo por vez primera.

El espejo del vestíbulo

En el recibidor de esta mansión
había un gran espejo antiguo,
adquirido por lo menos hace cien años.

Un joven de extremada belleza,
ayudante de sastre
(atleta aficionado los domingos),
estaba frente a él con un paquete
el cual entregó a alguien de la casa,
quien lo tomó y fue a conseguir el recibo.

El ayudante de sastre se quedó solo
por unos momentos; y mientras esperaba,
se acercó al espejo, se arregló la corbata,
observándose de cerca.
Unos minutos después trajeron el recibo;
lo tomó y salió.

Pero el viejo espejo que tantos objetos
y caras había visto durante sus largos años de vida,
esta vez estaba extasiado, se sentía orgulloso
de haber retenido por unos instantes
la imagen de la belleza pura.

Lejos

Quisiera relatar este recuerdo…
pero es tan distante como si no quedara nada.
Oscila a lo lejos en los años juveniles…
Piel hecha como de jazmín…
la noche de agosto… ¿era agosto?… la noche…

Apenas recuerdo los ojos:
eran, creo, azules…
…¡Ah! sí, azules, azul zafiro…

Poema jónico

Aunque destrozamos sus estatuas,
aunque los sacamos de sus templos,
los dioses no murieron.

¡Oh tierra jónica!, aún te aman.
Es a ti a quien sus almas recuerdan,
y cuando te amanece la mañana de agosto,
tu aire toma vida de su fuerza.

Y a veces,
una sombra de efebo intangible, fugaz,
roza la cima de tus montes.

En los suburbios de Antioquía

Nos sorprendimos en Antioquía
al saber los últimos hechos de Julián.
Apolo discutió con él en Dafne;
no dará el oráculo (¡como si nos importara!),
no tenía ganas de hablar de profecías
hasta que su templo en Dafne se purificara;
los muertos cercanos, dijo, lo molestaban.

Había numerosas tumbas en Dafne,
uno de los muertos allí enterrados
era el mártir Babylas, deslumbrante,
victorioso, gloria de nuestra iglesia;
era a él a quien el falso dios aludía,
a quien temía; mientras lo sintiera cerca
no se atrevía a dar su oráculo,
estaba adormecido
(estos falsos dioses temen a nuestros mártires).

El impío Julián se dobló las mangas,
y con voz nerviosa gritó:
“Desentiérrenlo, llévenselo,
saquen a Babylas de inmediato;
¿se imaginan? Apolo está molesto,
desentiérrenlo, llévenselo a donde quieran,
arrójenlo, ¿acaso estamos jugando?,
Apolo quiere su templo purificado.”

Lo sacamos y llevamos con amor y honor
los sagrados restos a otro lado.
En verdad el templo mejoró notablemente,
y sin pérdida de tiempo;
el fuego lo consumió: acabó con el recinto y Apolo;
el ídolo se barrió con el resto del desperdicio.

Julián derramó su ira por todas partes;
¿qué más podía hacer?, que diga
que el fuego lo iniciamos los cristianos.
Que hable, nada se ha comprobado;
lo importante es que se indignó notablemente.

dafnedafne (Photo credit: Wikipedia)

Related articles

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s